lunes 12 de octubre de 2009
MALA CONCIENCIA por Miriam Márquez
(Demasiado tiempo sin escribir. Me cuesta un poco ahora, pero espero atrapar de nuevo la inspiración. Mejor dicho, la pequeña ración que me toca).
A la tercera proyección de la nueva película, el narrador omnisciente, incapaz de soportar los remordimientos, irrumpe corriendo por una esquina de la pantalla. En el último instante, consigue salvar a la fatídica heroína de un tranvía desbocado que nadie, salvo él, esperaba. Los aplausos y vítores de la sala se mezclan con la musiquilla triste de una banda sonora sin talento para la improvisación.
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lunes 31 de agosto de 2009
CLOROFILA por Miriam Márquez
Tiñen de obscenas algunas palabras beatas. Se declaran amor con términos botánicos, se seducen en argot médico, se hacen de rabiar con fórmulas matemáticas. No quieren diccionarios para la lengua que han inventado juntos. Practican a diario. No toman notas. Ni siquiera cuando él tiene que embarcarse se dan cuenta del peligro. "Hipotenusa", se despide ella burlona. "Equilátero", responde él sacándole la lengua. Años después, se cruzan por casualidad en el puerto. "Castaño de indias", musita la mujer sorbiéndose las lágrimas. "Clorofila", le grita desencajada. Pero nada penetra en su perplejidad. Ni siquiera cuando, en un último intento, ella se aproxima lentamente al lóbulo de su oreja para susurrarle un húmedo "Amén".
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jueves 20 de agosto de 2009
DESPUÉS por Miriam Márquez
Ahora que estoy muerto, me cuesta una barbaridad odiarte. Horas me paso concentrado en tu traición, la sangre, el cuchillo por la espalda. Pero se está tan bien aquí, hay una paz tan blanca, que resulta difícil no desear que te mueras rápido. Ayer me atreví a preguntarle a otra alma en pena por qué llaman a esto infierno. Se encogió de hombros y se fue riéndose entre dientes. Hoy, por fin, te he visto saludándome a lo lejos. Hoy, por fin, te has muerto.
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ANÉCDOTA por Miriam Márquez
Con la cuenta, a la pareja le traen dos galletas de la suerte. “Aprecia la sinceridad como el mejor regalo”, pone en la de él. “Ya no te quiero”, se lee en la de ella. Los dos se ríen –ella, sobre todo, suelta grandes carcajadas-, y se marchan a trote acompasado dejando los papelitos arrugados junto al Chop Sui.
jueves 6 de agosto de 2009
EN LA FILMOTECA por Rafael Arias
(Un cuento de mi querido amigo Rafa. Delicado y abierto, como él)
Fue hace tiempo. En la Filmoteca.
Iba a ver una película del cineasta indio Satyajit Ray.
Sentado en mi butaca esperaba el inicio de la sesión leyendo un libro.
Delante de mi se sentó una joven india, con un vestido púrpura, una cinta rodeaba su cabeza, su negrísimo pelo estaba recogido en un recio moño.
Le acompañaba un joven latinoamericano, vestido con vaqueros, camiseta blanca. Con seguridad llevaría unos tenis por calzado.
Ella era mayor que él. Su conversación interrumpió mi lectura.
Ella llevaba la voz cantante:
-¿Has estado alguna vez aquí? -No.
-Yo suelo salir por Lavapiés. ¿y tú? -Yo suelo ir por Tribunal, y a veces por la Castellana.
-A mi me gusta la música alternativa. -A mí me gusta más el pop, lo que sale en los 40.
-Si quieres luego podemos tomar algo por Lavapiés, cerca de donde vivo. -Vale
-Estoy segura de que te va a gustar la peli. Es muy bonita, de mi tierra. -Nunca he visto una peli india.
Se apagaron las luces. Al encenderse, salieron tímidamente, con las manos entrelazadas, como si les venciera un poso de timidez.
Al día siguiente leía un libro, el mismo, sentado en la misma butaca, esperando que las luces se apagaran para ver otra película de Satyajit Ray.
Delante de mí, se sentó la chica de ayer.
Iba sola.
Fue hace tiempo. En la Filmoteca.
Iba a ver una película del cineasta indio Satyajit Ray.
Sentado en mi butaca esperaba el inicio de la sesión leyendo un libro.
Delante de mi se sentó una joven india, con un vestido púrpura, una cinta rodeaba su cabeza, su negrísimo pelo estaba recogido en un recio moño.
Le acompañaba un joven latinoamericano, vestido con vaqueros, camiseta blanca. Con seguridad llevaría unos tenis por calzado.
Ella era mayor que él. Su conversación interrumpió mi lectura.
Ella llevaba la voz cantante:
-¿Has estado alguna vez aquí? -No.
-Yo suelo salir por Lavapiés. ¿y tú? -Yo suelo ir por Tribunal, y a veces por la Castellana.
-A mi me gusta la música alternativa. -A mí me gusta más el pop, lo que sale en los 40.
-Si quieres luego podemos tomar algo por Lavapiés, cerca de donde vivo. -Vale
-Estoy segura de que te va a gustar la peli. Es muy bonita, de mi tierra. -Nunca he visto una peli india.
Se apagaron las luces. Al encenderse, salieron tímidamente, con las manos entrelazadas, como si les venciera un poso de timidez.
Al día siguiente leía un libro, el mismo, sentado en la misma butaca, esperando que las luces se apagaran para ver otra película de Satyajit Ray.
Delante de mí, se sentó la chica de ayer.
Iba sola.
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martes 4 de agosto de 2009
DE VUELTA
Después de estas largas vacaciones, estoy de vuelta. He creado con mucha ilusión una nueva bitácora Vocación Temeraria sobre temas periodísticos que se me van quedando en el tintero. Mañana regreso con mis micros y con los vuestros.
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martes 23 de junio de 2009
AMANTES
Él queda con un cliente imaginario. Ella finge asistir a un taller literario inexistente. En la guantera del coche, él guarda un elixir de menta y un frasco de colonia. Ella, en el autobús, se pinta los labios de un rojo profundo, que luego difumina con el dorso de la mano, porque le da vergüenza. Se encuentran en la esquina acordada. Los nervios les confieren un cierto aire despistado y distante. Durante horas, merodean por jardines, callejuelas, portales... Casi sin querer, terminan frente a un hotel. El recepcionista, como cada jueves, finge no reconocer a esa pareja canosa que, toda ruborizada, le tiende un DNI.
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lunes 15 de junio de 2009
MIOPÍA
Tras años ensuciando lienzos, el aprendiz de pintor se rinde. Se entrega a la escultura. Fracasa. Debuta como actor. Titubea al decir su única frase. Derrotado y solo en su camerino, escribe como un autómata un poema agarrotado, certero, perfecto. Asustado por su sinceridad, lo rasga en pedazos. Nadie debe saber, cuando dentro de unos años sea un músico famoso, lo derrotado que llegó a sentirse.
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