viernes, 16 de marzo de 2012

VENGANZA


Mientras el sultán albino retoza en su harén, el diablo tienta al eunuco de ébano que lo guarda. Le ofrece un cuerpo nuevo. Poderoso, gozoso, intacto.

Doliente aún la herida de su humillación, el esclavo medita, regatea, ruega, propone.

Mientras el sultán de ébano retoza en su harén, el diablo tienta al eunuco albino que lo guarda.





lunes, 28 de marzo de 2011

INFIERNO


Confieso que me ha sorprendido la rapidez de las gestiones para ingresar en el paraíso. Minutos después de despeñarse el carruaje, cruzaba el umbral. Mi marido, Charles, se demoró un poco más. El interrogatorio, cuenta a regañadientes, le resultó algo áspero. Supongo que sus escarceos con la bailarina de cancán tuvieron que ver en el retraso.


La (no) vida aquí resulta deliciosa. Hay partidas de bridge, óperas, sastres talentosos, sombreros de plumas. Hasta Charles que siempre ha odiado mi bridge, mis óperas, mis sastres talentosos y mis sombreros de plumas se esfuerza en apreciarlos. Sólo a veces, cuando cree que estoy distraída, descubro en el ingrato una mueca de desánimo. Como si en vez de a la gracia del Edén, le hubiesen arrojado al purgatorio.

miércoles, 12 de enero de 2011

LA AVERÍA

Empieza a impacientarme la estúpida incompetencia de este técnico de Kioto. “Ya casi” me responde cada mañana cuando voy a comprobar los avances en mi caza Zero averiado. “Un par de retoques”, me dijo hace una semana con esa sonrisa suya vergonzosa en tiempos de guerra. Intento explicarle que mi objetivo se desplaza a cada instante. Que puede que dentro de unas horas se haya camuflado demasiado entre las líneas enemigas. Que me consume ver al resto de pilotos despedirse emocionados con su uniforme de gala.

Él me regala un cigarro y un sorbo clandestino de sake. Me promete como siempre -sus labios cada día más cerca de mi oreja-, que mañana brindaré al fin con toda el agua del Pacífico.

martes, 11 de enero de 2011

LA REVOLUCIÓN


“La convocatoria ha sido un éxito”, garabateaba un periodista en su libreta desde un balcón. No muy lejos, yo asomaba la cabeza sobre el tejado para ver discretamente el gentío. Descubrí a la bailarina del joyero, erguida orgullosa, sin girar, en la palma de la mano de un simpatizante. También al unicornio, que había abandonado su tiovivo por primera vez en treinta años. Me enterneció divisar, entonando consignas como locos, al muñeco del semáforo, a la chincheta del mapa y al globo de helio sin niño. A mi lado se posó el cuco fugitivo. A la hora en punto hizo ademán de cantar, pero se mordió la lengua y salió volando hacia Poniente. “Libertad”, gritaban los manifestantes, y se les inflamaba el pecho y las mejillas.

Confieso que durante un instante deseé yo también librarme de mis espolones de forja, probar estas alas inútiles de gallo viejo. Afortunadamente fue sólo un segundo. Después cambió el viento y me obligó a mirar en dirección contraria.



(La ilustración es obra del artista Antonio Mingote).

sábado, 16 de octubre de 2010

ECHAR RAÍCES por R.A.



Cuando la conoció se dijo que ya era hora de sentar cabeza; sentía una necesidad urgente de vivir en un sitio fijo, de abandonar aquella vida trashumante. Se mudó a su casa, un piso limpio, ordenado, lleno de plantas a las que ella hablaba. Y cada noche, con el cansancio de después de amarse, dormían abrazados. Y así un día y otro, hasta que una mañana notó que de sus piernas brotaban raicillas, y ella le recomendó quedarse en cama ese día, pero a la tarde las piernas se habían unido formando un tronco y a la noche sus pies eran dos raíces, fuertes y hambrientas de tierra. Durmió una vez más abrazado a su cuerpo, y se soñó laurel.

Ella lo ha plantado en una maceta grande, y le habla y lo mima. Por el día lo deja en la terraza al sol y le pone música clásica, por la noche lo deposita con delicadeza en la cama.

martes, 21 de septiembre de 2010

TODO O NADA


Después de mucho insistir, ha logrado un día de permiso. Eufórico, sale disparado hacia el burdel. De pronto, entre los edificios, brilla el río. Flotando de espaldas sobre el agua, el hombre que sólo tiene un día de permiso se permite imaginar. Sueña con construirse un barco, con leer miles de libros en su cubierta, con aprender a tocar el violín de puerto en puerto y engendrar decenas de hijos mejores que él… Sueña mientras se deja mecer por la corriente, mientras deambula por la ciudad y pasa sin enterarse frente al prostíbulo. También ya de regreso, calle arriba. Sueña al cruzar la verja, mientras aparta las flores, y se cuela obediente en su lúgubre lecho doce horas antes de que caduque su aliento.

martes, 6 de julio de 2010

LA ENVIDIA

Como cada mañana, la niña perfecta contempla cómo su madre le hace la cola de caballo torcida, le coloca las falsas gafas de miope y le ajusta el aparato dental de mentira. Satisfecha tras verla marchar segura hacia el colegio, la bella mujer cubre sus cabellos con un pañuelo y su cuerpo con un desfavorecedor vestido antes de encaminarse al mercado.


La ilustración es obra de Maria José Reche.