lunes, 15 de febrero de 2010

EL FUNCIONARIO


Cada vez que se enciende una bombilla roja, el funcionario levanta la palanca correspondiente durante cinco segundos. A veces el ritmo es frenético. Otras, la cadencia amaina. Entonces, el funcionario puede relajarse, desabotonarse la camisa y pensar, por ejemplo, en qué le traerá a Ana el ratoncito Pérez. O el restaurante que escogerá para invitar a su suegro por arreglarle el embrague. Aunque ahora lo que más le preocupa es que María esté tan triste. Hoy tiene pensado comprarle unas flores si logra salir a tiempo del trabajo. ¡Pero, caramba, empieza a hacerse tarde! Falta que esa terca luz, la única que resiste, deje de encenderse cada pocos segundos. Sube el voltaje, mira el reloj y escucha los gritos recrudecerse en el cuarto contiguo. Con esta potencia, la muerte o la confesión llegará antes de que se acaben las margaritas del kiosco.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Jo, me has dejado de piedra. No me lo esperaba. Es fantástico. Elena.

Herman dijo...

Bravo, Miriam. Deberías prodigarte más en esto de escribir ficciones. Lo haces realmente bien.

Maria Coca dijo...

Fantástico. Sorprendente. Logras un efecto magnífico.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Del fin del mundo a la banalidad del mal.¡Uf, qué miedo! Espero que este mundo oscuro desaparezca pronto de tus relatos. Funambulista

Miriam Márquez dijo...

Herman,
Viniendo de ti, me anima mucho esta opinión.
María,
veo que estás creando nuevas criaturas cibernéticas. No les quitaré ojo.
Funambulista,
acabo de escribir un relato que se ha ocurrido en un atasco. Creo que es más esperanzado pero no lo tengo claro. Ahora lo cuelgo. Besos

Elisa dijo...

Muy bueno, Miriam, bien escrito y sobrecogedor.

Miriam M. dijo...

Gracias, Elisa. Para mí tu Pativanesca es un verdadero "Jardín de las Delicias". Saludos.