viernes, 23 de abril de 2010

EL NARRADOR


Mucha gente cree ilusamente que es fácil la vida del narrador omnisciente. Es cierto que me resultó un juego arrebatarle la heroína al galán. Conocía sus gustos florales, su número de pie, sus flaquezas, sus anhelos. Estaba seguro de que la obnubilaría con mi léxico fluido y mi pose de romántico. Nada que ver con ese tipo duro de gabardina y cigarrillo con el que estaba destinada a compartir el The End. Como estaba previsto, escapamos a Italia, donde hemos vivido sin sobresaltos algunos kilómetros de celuloide. Habría sido dichoso si no fuera porque -el público debe saberlo- ser narrador omnisciente tiene también sus inconvenientes. Mañana un hombre terco con una colilla entre los labios terminará su búsqueda ante este umbral. Le estaré esperando para el desenlace, aunque sé desde el primer fotograma que sólo le costaré dos disparos a su revólver.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Compleja historia, muy bien resuelta en mi opinión. Aunque creo que te diriges a un tipo de lector muy concreto. Besos, Ele.

hugo dijo...

Hola Miriam:

Gracias por pasarte por el blog y dejarme tus palabras.

El narrador omnisciente tiene un pacto no sólo con el tiempo y el espacio, sino también con la escritura:hace tiempo pactó la inmortalidad. Sabe que pueden matarlo mil veces, pero volverá. El último intento de atarlo en corto fue de Flaubert y Henry James.Le colocaron el "punto de vista" y "de ahí no te muevas", le dijeron, pero casi siempre vuelve por sus fueros. Luego aparecieron todos los experimentos behariovistas, nouveauromancistas (o romanceros, que de todo ha habido)et. etc. y ahí tienes al narrador omnisciente vivito y coleando.
Su problema, su grave problemas es que la inmortalidad lo dejó sin vida propia por eso siempre le ha interesado la vida de los otros.
Y eso no hay Freud de la narración que lo arregle.

Buen micro en el que la imagen viene con fuerza desde la negrura del blanco y negro del cinenegro y le hace un poquito la vida imposible al narrador omnisciente.

nos leeemos y nos escribimos.

ahora mismo hago el enlace con tu blog.

salut,
hugo

Miriam M. dijo...

Gracias, Elena. Bonito recorrido haces, Hugo, por los distintos ropajes del narrador a lo largo de la historia literaria. Gracias por compartirlo.

Virginia Vadillo dijo...

Si es que en realidad ser omnisciente no es nada bueno, siempre es mejor dejar algo a la imaginación :)
Me ha gustado mucho!
Besos!

Jesus Esnaola dijo...

El narrador omnisciente tiene la maldición de saberlo todo de los demás. Maldición porque tanta información da tanto poder que entiendo al cabezón del final, con dos balas en el revólver con nombres y apellidos.
Gracias por tu visita, tu comentario y te enlazo ahora para seguirte la pista.

Un abrazo.

Maria Coca dijo...

Me ha resultado un tanto complicada la narración...

Miriam M. dijo...

Es un honor, Virginia y Jesús, que os paséis por aquí.
Gracias, María, por tu sinceridad. Me ayudas mucho al contarme lo que tus ojos ven y los míos, por estar metidos dentro, no pueden. Te he enlazado a tu nuevo blog, pero quizás preferirías que fuera a "La Tasca Sin nombre". Cuéntame. Besos

Raúl dijo...

Muy bueno. Además, la película de la que has extraído el fotograma, es de lo más acertada para la ocasión.