lunes, 1 de junio de 2009

ESTAMPADOS


Ella ama a Carmen, a Lee Miller, a Cleopatra. Le gustan las mujeres que comen celos, que se arrancan las costras, que dicen te amo, en vez de te quiero… Esas que siempre, al final de cada fiesta, tienen los labios negros de vino tinto. Por eso cuando él llega con su pulcro traje del trabajo, ha roto todas las fotos, algunas copas, y rasgado las cortinas. Y se ha hecho un corte no demasiado profundo en la muñeca (al fin y al cabo no quiere morirse nunca) porque él no la AMA. Y ha dejado un rastro de colillas por el suelo porque sabe que a él le gustan las pistas, los indicios, las listas, los caminos que llevan alguna parte. Al final está ella. Hipa un poco. Si encontrara las palabras, le reprocharía que sepa justo lo que hay que hacer en ese instante, que mantenga el pulso, su razón (que no fé) incondicional en ella. Que no llegue y le dé dos bofetadas y la eche a patadas a la calle aunque sólo sea por una noche. Pero es difícil de explicar todo eso a un hombre que le dice te quiero, le enjabona la espalda y le recoge el pelo detrás de la oreja. El mismo que mañana la llevará a alguna tienda para que, con el mejor de los humores, escoja el estampado de las próximas cortinas.

1 comentario:

Cuarentaytresbotas dijo...

Genial!
Hace tiempo que no te visitaba, seguiré dando una vueltecita más por aquí a ver qué me encuentro.