martes, 6 de julio de 2010

ESCUDOS


Como cada mañana, la niña perfecta contempla cómo su madre le hace la cola de caballo torcida, le coloca las falsas gafas de miope y le ajusta el aparato dental de mentira. Satisfecha tras verla marchar segura hacia el colegio, la bella mujer cubre sus cabellos con un pañuelo y su cuerpo con un pobre vestido antes de encaminarse al mercado.

La ilustración es obra de Maria José Reche.

21 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno, muy profundo. Bajo esa breve imagen que narras se ve cómo esa envidia ha afectado al comportamiento de la mujer hasta el punto de ocultar esa belleza para evitar sufrir por los comentarios(una imagina) envenenados y las maldades varias.


R.A.

Anónimo dijo...

Qué bien conoces a la gente y sus miserias, Miriam. Das miedo con tus textos. Ele.

Herman dijo...

Impecable.
Deberías afear un poco tus relatos, si no quieres generar envidias múltiples.
Besos.

Miriam M. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Miriam M. dijo...

Mmmmmm, veo que como todos los veranos, las visitas bajan y empezamos a hablarnos en susurros.
R.A.
He leído en algún blog amigo que has publicado junto con otros microrrelatistas en una revista reciente. Me voy a hacer con ella y me la llevo a la playa. Mmmmmmm, ya me relamo.
Si, Ele, para conocer a la gente, sólo hay que mirar dentro de uno y ver lo oscuro y lo negro también. Eso que reprimimos cuando intentamos convertirnos en personas mejores.
Herman, ¿cómo haces tú para escribir como escribes y que no te tiren un piano de cola sobre la cabeza? Besos

Beth dijo...

Realmente hermoso, Hola señorita Miriam, es la primera vez que publico un comentario, pero no la primera vez que le leo, he seguido muy de cerca cada uno de sus relatos y me han parecido fantásticos, tristes, felices, pero sin duda todos son hermosos, ninguno carece de la mas mínima razón de sentimiento. Déjeme decirle que escribe de una manera tan exquisita que quisiera saborear una vez mas cada uno de sus relatos, simplemente me ha parecido extraordinario toda la galería que aquí se encuentran, es una maravilla como todas las formas y los colores contrastan con la misma magnificencia uno de otro de sus relatos :)

Claudia Sánchez dijo...

Pues déjame decirte de esta entrada: la palabra desfavorecedor no es la adecuada para el ritmo del relato y el título es demasiado revelador.
O sea, que pese a tus esfuerzos, este microrrelato es perfecto. No quieras engañarnos.
Saludos de vacaciones,

Anita Dinamita dijo...

Qué bonita y tierna imagen de la envidia.

Miriam M. dijo...

Beth, me sigue pareciendo mágico que alguien disfrute con lo que escribo. Que te lo pases bien con mis textos es mi mejor premio.
Graaaaaaciaas, Claudia por tu crítica. Me parece muy interesante y te explico por qué. Son dos de las dudas que me provoca este micro. Hice una lista de adjetivos y ninguno me convencía. Desfavorecedor es quizás demasiado burdo, demasiado largo y sin gracia. Le daré una vuelta. El título me plantea la siguiente reflexión. Es cierto que es muy revelador, pero no sé si en este caso eso es contraproducente. Mi micro no pretende sorprender. Sólo profundizar en los efectos que la envidia provoca en las personas. No lo tengo claro. Toda opinión al respecto es más que bienvenida.
Señora Dinamita, gracias por regalarme un pelín de su energía. Besos.

Elisa dijo...

Qué bien que has vuelto a publicar, es un gusto leerte. Y... creo que, aunque no pretendas sorprender, cosa que se agradece, porque es cansado tener que ajustarse por obligación a las supuestas reglas del género, sí que merecería la pena explorar otro título. Siempre me quedo con hambre de conversaciones de este tipo, de sugerencias, de respuestas a las sugerencias... Hay cosas que es difícil hacer por escrito, y no es fácil encontrar con quién discutirlas en directo.
Por cierto, ¿en qué revista ha publicado R.A., que no he leído la referencia? Porque, aunque he leído cosas suyas, como, que yo sepa, no tiene blog, hay que seguirle el rastro.
Disfruta en la playa.

Lola Sanabria dijo...

Me gusta el microrrelato. Rastrea la envidia, sí, pero no cualquier envidia, sino esa que hace que broten sarpullidos en el alma.

Saludos veraniegos.

Maria Coca dijo...

Me encanta. Es muy profundo, sí. Y está perfectamente narrado. Enhorabuena!!!!

Gabriel Bevilaqua dijo...

El texto es muy bueno. Coincido en que habría que cambiar el título porque aunque el relato no trate de sorprender, es evidente que de la envidia estamos hablando. Tal vez valdría, así de repente, algo como "mimetismo" o "camuflaje"; algo que refiera la acción de "ocultamiento".

Saludos.

Víctor dijo...

Coincido con algunos en que el título revela demasiado y con la mayoría en que se trata de un buen relato. Qué mala es la envidia...

Un abrazo.

Ana Laura dijo...

¿Una burka improvisada? Me gustó mucho :)

Saludos

Bicefalepena dijo...

No, si a mí me pasa lo mismo con mis niñas.
¡Qué mala es la envidia!

Miriam M. dijo...

Gracias, Víctor, Ana Laura y Bicefalepena, he estado un poco perdida con mudanzas varias, pero ya estoy de regreso para escribir y sobre todo leer, leer....
Saludos

Delia (Maitri) dijo...

Me encanta tu blog. Muy bueno!

Un abrazo desde Argentina

Juan Luis López dijo...

Que triste tener que esconderse, que reales las envidias y los acosos, pequeño en palabras pero con mucho que pensar.

Besos

Singh Style dijo...

Cool...

Miriam M. dijo...

Gracias, Delia, bienvenida. Juanlu, si te hubiera conocido antes, te habría uno de esos dibujos tuyos tan envidiable.
Singh Style: thanks!